24 de Diciembre. Noche. Estaba encerrada, me había pasado toda la tarde haciendo el mejor dibujo que había hecho en mi vida. La mudanza me había pillado sorprendida y en Eris no habñia conseguido encontrar nada que me convenciera para comprárselo a Caden. No podía pedirle que me acompañara a Ottawa a comprar por que me habría descubierto, no se me da bien ocultar cosas. Aunque realmente tendría que ir pronto a comprar ropa nueva.
Pero allí me hayaba, dibujando la angelical cara de Caden (y el resto del cuerpo) de una forma mas detallada de lo que lo solía hacer, y en vez de dejar el boceto a lapiz, intenté pintarlo. Bueno, intenté la verdad es que lo conseguí, aunque no acababa de convencerme.
<Menudo desastre de navidades>, pensé, aunque siendo cómo era Caden, seguro que le haría mas ilusión que cualquier cosa material que le pusiera delante de sus narices...pensé que no sería mala idea regalarle una novia.
Bajé a cenar, ya que Caden era experto con el pavo, tantos años detrás de mamá mirando como hacía la unica cena del año que tanto le ilusionaba había servido para que cada año pareciese que volviera de su descanso eternos para prepararnos la cena.
-Huele muy bien, Caden.-dije en cuanto estuve abajo, entonces reparé en el enorme salón-¡vaya! has preparado la mesa y todo, podrías haberme llamado..habría bajado y te habría ayudado.
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¿Es que TODO fue mentira?